Campos de refugiados en Líbano

469.555 refugiados y refugiadas registradas
12 campamentos
66 escuelas
36.775 alumnos y alumnas
2 centros de formación profesional
27 centros de atención primaria

LÍBANO, VIVIR SIN DERECHOS

En Líbano hay registrados más de 500.000 refugiados de Palestina, lo que representa cerca del 10% de la población del país, un estado muy pequeño y muy densamente poblado en la actualidad.

Los refugiados de Palestina se entrentan a una situación especialmente difícil dentro de Líbano, ya que no se les reconocen derechos humanos básicos. Por ejemplo, están excluidos de la mayoría de los servicios públicos, y se les prohíbe ejercer 39 profesiones. Ni siquiera son considerados fomalmente como ciudadanos de otro estado, por lo que no pueden reclamar los mismos derechos que los demás exptranjeros que residen y trabajan en el país.

En una situación de discriminación como ésta, la mayoría de los refugiados de Palestina en Líbano depende enteramente de la asistencia de UNRWA para dar respuesta a sus necesidades más básicas.

EL DIFÍCIL ACCESO A LA SANIDAD

Una de las mayores preocupaciones de los refugiados de Palestina en Líbano es el alto coste económico que puede suponer su hospitalización en caso de ponerse enfermos. UNRWA proporciona asistencia sanitaria primaria básica, pero solo puede cubrir las facturas de la atención hospitalaria de manera parcial. Estos costes no están al alcance de la mayoría de los refugiados, que a menudo tienen que elegir entre renunciar a un tratamiento médico esencial o contraer una deuda.

LA AVENTURA DE GANARSE LA VIDA

La población refugiada también está sujeta a importantes restricciones en materia de empleo. En 2005 se aprobó una ley que permitía a los refugiados nacidos en Líbano trabajar en los sectores clericales y administrativos. Sin embargo, no pueden ejercer profesiones  como médicos, dentistas, abogados, ingenieros o contadores.

Aunque muchos refugiados encuentran trabajo, a menudo se trata de empleos estacionales u temporales, con unos salarios bajos y sin beneficios sociales ni asistenciales. Hay signos claros de que esta situación está debilitando el compromiso de la comunidad con la educación, provocando el desencanto entre los jóvenes. Muchos de ellos han dejado de ver necesario continuar con sus estudios.

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