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UNRWA España - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - “Mi tienda se convirtió en un salvavidas, no solo para mí, sino también para mis vecinos” 

“Mi tienda se convirtió en un salvavidas, no solo para mí, sino también para mis vecinos” 

Cuando Samira, de 62 años, volvió al campamento de Yarmouk, sintió un enorme vacío. Refugiada de Palestina en Siria, tuvo que abandonar su hogar a causa de la guerra. Con el tiempo, pudo regresar, pero solo encontró silencio y destrucción. Su casa estaba en ruinas. “Apenas reconocí mi propia puerta”, recuerda. “Sentí como si el pasado se hubiera borrado”. 

Fue de las primeras personas en volver al campamento después de que la violencia obligara a sus habitantes a huir. Al regresar, en 2020, Yarmouk estaba irreconocible. En el pasado, había dado cobijo a 160.000 personas refugiadas de Palestina pero, tras la guerra, estaba prácticamente vacío y arrasado.  

Solamente una familia vivía en su antigua calle. Samira y su familia tuvieron que alojarse en una única habitación de su antigua casa, gravemente dañada, a la espera de una oportunidad para reconstruir el resto. “Lavábamos la ropa y los platos en la calle, soportando inmensas penurias. Sin embargo, me sentía feliz y segura porque estaba en casa”, recuerda Samira.  

A pesar de las dificultades, Samira nunca se dejó vencer por la desesperación. Ella y su hermana decidieron abrir un pequeño supermercado en la calle. Con unos pocos ahorros, el apoyo familiar y un préstamo del programa de microfinanzas de UNRWA, pudieron iniciar su proyecto.

Samira en su tienda en el campamento de Yarmouk, Siria. © 2024. Foto de UNRWA por Taghreed Mohammad.

Poco a poco, rehabilitaron una tienda, consiguieron suministros y llenaron las estanterías con artículos esenciales para quienes regresaban al campamento. “Con el microcrédito encontré una salida. Mi tienda se convirtió en un salvavidas, no solo para mí, sino también para mis vecinos”, explica.  

Samira es una de las 70 personas que han recibido microcréditos de UNRWA en el campamento de Yarmouk desde diciembre de 2023. Estos préstamos, concedidos fundamentalmente a mujeres, permiten poner en marcha pequeños negocios y ofrecen una nueva oportunidad a las familias refugiadas de Palestina que intentan recuperar su vida.

Estos créditos tienen un impacto muy positivo: fomentan la independencia económica y la creación empleo, reduciendo la pobreza y generando desarrollo en la comunidad refugiada.

Pero el sueño de Samira va más allá de la supervivencia. Se imagina convirtiendo su tienda en una cafetería, un espacio cálido con aroma a pastelería. “Espero convertir esto en un lugar donde podamos sentarnos, conversar y recordarnos que estamos en casa”, asegura. “Mi tienda es más que un negocio. Es una esperanza para que Yarmouk resurja”.

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