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UNRWA - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Restricciones de libertad de movimiento: esperando un milagro

Restricciones de libertad de movimiento: esperando un milagro

El bloqueo de la franja de Gaza supone un estricto control sobre todos los aspectos de la vida de los refugiados desde el año 2007: restringe severamente la circulación de mercancías, así como también el de personas. Esta falta de libertad de movimiento afecta gravemente al desarrollo y a los derechos de los palestinos, como por ejemplo el derecho al acceso a la sanidad básica.

Ali Farahat es un niño refugiado de Palestina de 6 años que vive en Rafah, en el sur de Gaza. Desde que nació, Ali ha estado viviendo en la inestabilidad política, social y económica, y bajo un bloqueo. A pesar de su juventud, ya ha vivido dos ofensivas, la última de las cuales, en el verano de 2014, causó una destrucción sin precedentes y la pérdida de vidas humanas en toda la franja de Gaza.

Ali nació con un defecto congénito en el esófago que no le permite comer con normalidad. Debido a la falta de capacidad médica especializada en Gaza para tratar su condición, debería abandonar la Franja para obtener el tratamiento adecuado.

Años de declive socioeconómico, conflicto y bloqueo han dejado el sector de la salud en Gaza con carencias de infraestructura adecuada y suficientes oportunidades de formación médica para el personal sanitario. Las instalaciones están sobrecargadas y el servicio es con frecuencia interrumpido por los cortes de energía. Estos desafíos amenazan aún más la salud de la población, que ya de por sí está en grave riesgo. Como se menciona en el informe conjunto del equipo de Naciones Unidas, Gaza 2020: ¿Un lugar habitable?, Gaza necesita en el hospital 800 camas adicionales, 1.000 médicos más y 2.000 enfermeras para mantener el nivel actual de servicios en 2020.

«Mi hijo necesita una cirugía y tiene que ser en Cisjordania o en el extranjero. Hablamos con tres hospitales que están dispuestos a ayudarlo, pero hemos tenido que esperar más de un año para obtener el permiso», comenta la madre de Ali, Hayam Farahat (36 años), con angustia.

Israel no sólo impone restricciones para viajar al extranjero, sino que también las impone a los palestinos que viajan hacia y dentro de Cisjordania, limitando considerablemente, especialmente a los jóvenes, el recibir una educación o tratar de encontrar trabajo, visitar a familiares, o buscar tratamiento médico para los pacientes enfermos.

Estas restricciones han reducido el acceso a los medios de vida, los servicios esenciales y la vivienda; perturbado la vida familiar; y minado las esperanzas del pueblo de un futuro seguro y próspero.

Erez es ahora el único cruce entre Israel y Gaza, que está disponible solo para la circulación de personas. El cruce se encuentra en el extremo norte de Gaza. La política israelí permite técnicamente la circulación de un número limitado de viajeros autorizados, incluidos los casos médicos y humanitarios. Los residentes de la franja de Gaza están obligados a obtener permisos de salida individuales hacia Israel. El permiso es expedido por las autoridades militares, más que por el Ministerio del Interior, y la política de Israel es la de no permitir la entrada a los residentes de la franja de Gaza, excepto casos humanitarias extremos y excepcionales. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señaló a finales de 2015 un aumento de los casos de salida médicos de Gaza, pero una disminución en la aprobación de los permisos.

«Nos enfrentamos a muchas dificultades debido a la enfermedad de nuestro hijo. Carecemos de recursos económicos suficientes y además del permiso para salir de Gaza, que lleva mucho tiempo conseguir. Además de eso, mi hijo necesita medicamentos especiales y leche, cosas que no están disponibles o son muy caras en Gaza debido al bloqueo», dice Nahed Faraha, el padre de Ali.

Un segundo cruce que permite técnicamente la salida y entrada de los palestinos dentro y fuera de Gaza es el cruce de Rafah entre Gaza y Egipto, situado al sur de Gaza y controlado por las autoridades egipcias. Sin embargo Rafah se encuentra cerrado durante la mayor parte del año, excepto en unos pocos días para un número limitado de personas.

«Si quieres salir de Gaza para ir a Cisjordania a través de Erez o ir al extranjero a través del cruce de Rafah, necesitas un milagro», comenta Heyam, quien añade: «sólo quiero que mi hijo obtenga el mejor tratamiento médico posible y vivir una vida plena y feliz».

Los conflictos recurrentes y el bloqueo ilegal por tierra, mar y aire, que entraba en su décimo año en junio de 2016, siguen siendo hoy en día las principales causas de la crisis socioeconómica y psicosocial en Gaza. Las restricciones a la circulación de personas y mercancías siguen castigando colectivamente a la población civil, y afecta a todos los aspectos de la vida en Gaza, lo que socava la economía local y amenaza el disfrute de la mayoría de los derechos humanos, en clara violación de las obligaciones legales de Israel en virtud del derecho internacional humanitario. Los efectos combinados del bloqueo y el cierre de los túneles a Egipto también han tenido un impacto psicológico menos visible pero bastante profundo, sobre la población de Gaza.

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