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UNRWA España - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Pecas: Manal Abu Saloom, Jordania

Pecas: Manal Abu Saloom, Jordania

“Mi madre es una persona muy generosa. Es de estatura mediana, ni alta ni baja, y es muy amable conmigo y mis hermanos”. Esto es lo que Manal nos dijo mientras se arrodillaba para besar la frente de su madre: “¿ves esas pecas maravillosas?”.

Visitamos Manal en Marka, en el centro de estudios que ella mismo fundó. Nos lo mostró. Todos los niños estaban felices y concentrados mientras atendían a sus maestros y estudiaban. Cuando nos sentamos a tomar un café, le pedimos que nos contara la historia del centro. Se acomodó y tomó un sorbo de su café.

“Me considero un ser humano común. No tuve suerte, no pude obtener un título o un certificado, pero pude realizarme por mi cuenta. Soy una mujer independiente, puedo hacer cosas por mí misma. Así me demostré a mí misma y a los demás que soy una persona con éxito y realizada”.

“La historia empezó en la guardería de mis hijos. Una maestra golpeó a mi hija, así que fui a la oficina de la directora y hablé con la maestra. Utilicé un tono educado y comprensivo. Después de eso, la directora se me acercó diciendo que debería ser una mujer activa en la sociedad, y que debería salir de mi casa con más frecuencia”.

“Tras cierta determinación y persistencia, pude abrir mi propio centro con el apoyo y la confianza de quienes me rodean. Lo llamé ‘Centro Farah’ (felicidad). Como puedes ver, está lleno de niños y es bastante conocido en la zona. Construí una relación de confianza con la gente. Ellos envían a sus hijos en base al ‘boca a boca’. Tengo una buena reputación. Saben que sus hijos estarán seguros y bien atendidos aquí”, dice Manal con mucha confianza.

“Hace mucho tiempo, antes de abrir el centro, la idea era solo un sueño. Solía ​​soñar despierta con este espacio, con cada detalle, color y sonido. Me vi como en una gran ceremonia con los niños y profesores a mi alrededor y conmigo agradeciéndoles a todos por darme el honor de estar allí. Me convencí de que podía hacer que sucediera. Al día siguiente alguien me ofreció ayudarme con esta iniciativa”, nos relata.

Suspiró y tomó otro sorbo de café: “¿puedes ver cómo conseguí las pecas de mi madre? Mi madre es mi fuente de educación y conocimiento. Me crió. Me enseñó a diferenciar lo correcto de lo equivocado, y cómo perdonar y amar sin herir a nadie. Cada momento que rompe la felicidad de un ser humano pero lo acabo llevando a un lugar mejor, es para empoderarlo. Yo soy una de esas personas”. Levanta la vista y dice: “tienes que saber que una mujer puede ser una madre, una esposa, una hermana y una hija. Una mujer no es la mitad de la sociedad, es la sociedad en sí misma”.

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