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UNRWA España - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - La rosa roja: Khawla Abu Diab, Cisjordania

La rosa roja: Khawla Abu Diab, Cisjordania

El videochat se abrió y vimos a una mujer humilde y pequeña con pelo corto rojizo sentada en su oficina. Nos saludó con apertura y calidez. Esta mujer es Khawla, y esta es su historia de ‘La Rosa Roja’.

Khawla estaba en el salón de belleza. La peluquera estaba levantando la silla y mirándola a través del espejo frente a ellas: “No te preocupes Khawla, crecerá de nuevo. Vamos a tener una nueva apariencia con el pelo más corto ahora.» La peluquera puso su mano en el hombro de Khawla y dijo: “siempre serás hermosa».

Khawla se cortó el pelo justo antes de ir a Beirut para un curso, el 3 de marzo de 2012. Al principio, era reacia a ir. Sin embargo, el Dr. Umaiyeh Khammash, Jefe del Programa de Salud de Cisjordania, y su adjunto, el Dr. Mohammad Al-Khalili y sus otros colegas insistieron: «No vamos sin ti, no hay nada malo contigo ahora y si cualquier cosa sucede, estaremos allí contigo».

La primera vez que se le cayó el pelo, encontró alguno en su almohada, luego en la toalla después de ducharse, luego en el abrigo después de que se lo quitó en la oficina. Khawla perdió todo el pelo cuando estaba en Beirut.

En un día soleado de noviembre de 2010, Khawla estaba sentada en el balcón de su casa en Jerusalén. Estaba cortando fasoulia (judías verdes), preparando el almuerzo para su marido, Nabil, y su hija, Lina. Tenía un dolor constante en su brazo izquierdo durante un par de días y ahora estaba palpitando fuertemente. Bajó el cuchillo, palpó su mano, brazo y axila, y al costado de su pecho izquierdo sintió un bulto rígido de 2 cm. Respiró y pensó en cómo le diría a Nabil y a sus hijos. La palabra cáncer se percibe como una sentencia de muerte. Khawla había sido enfermera durante mucho tiempo y ella sabe que este no es el final; ella sabe qué procedimientos puede considerar.

Khawla se sometió a una cirugía en noviembre de 2010 y todo el cáncer fue removido. Sin embargo, después de ejecutar algunas pruebas, descubrieron que se trataba de células invasoras; ellas pueden multiplicarse rápida y agresivamente. Para que esto fuera tratado, necesitaba dieciséis sesiones de quimioterapia. Las sesiones de quimioterapia fueron la parte más difícil para ella y su familia. Les tomó mucho tiempo aceptar esta realidad y este desafío. Especialmente su hijo mayor, Amjad, que vive en los Estados Unidos, y su otro hijo, Faris. Durante la primera sesión de quimioterapia, Amjad permaneció despierto toda la noche, estaba constantemente en el teléfono con Nabil, revisando a su madre, y Faris le decía: «Deja de llorar, tu mamá se pondrá mejor».

A mitad de la quimioterapia, por error, el hospital le dio tres dosis en lugar de una. El dolor intenso después de esto fue una agonía sin parar durante cuatro días seguidos. Khawla estaba inquieta, exhausta y sin dormir. Su hija Lina siempre la estaba cubriendo, abrazándola y leyendo el Corán para calmarla.

«Fue un dolor horrible, atroz. De hecho, fue un infierno”

En la tarde del cuarto día de esta agonía, Nabil volvió a casa, colocó su gran mano suave en la rodilla de Khawla y con su extraordinaria sonrisa la miró a los ojos: «¿Cómo estás ahora mi amor, mejor?» Khawla respiró hondo, cerró los ojos y dijo: “Todo este dolor terrible en mis piernas y rodillas que me había estado cargando durante cuatro días se desvaneció rápidamente. Fue una especie de conexión; fue como un milagro».

Se fue a dormir después de esto. Su cuerpo temblaba y temblaba; su falta de aire y sus lágrimas eran imparables. De repente, siente el olor del café matinal de su madre y padre de su niñez. Ahora ella está en Silwan, Jerusalén; son las seis de la mañana. Su madre usa su vestido palestino. Ella huele el dulce aroma de almizcle y ámbar de su madre. Es el olor de la sencillez, la pureza, la inocencia y la seguridad. Escucha la voz  calmada, firme pero suave, de su padre cantando en sus oídos: «Dios está con los pacientes, Dios está con los pacientes.» Su respiración y sus lágrimas disminuyen y su dolor se hace más soportable.

Khawla ahora se despierta cada mañana, libre de cáncer, prepara el café de la mañana con Nabil, abre la puerta del balcón, y moja sus rosas rojas. Llega a su oficina por la mañana y saluda a sus amigos y colegas, incluyendo al Dr. Umaiyeh.

Escribió una carta de agradecimiento a su familia y colegas expresando su gratitud por el apoyo incondicional que recibió: «Con la bendición de Dios y el apoyo de familiares y colegas, fue más fácil. De mi experiencia aprendí que el apoyo moral, la confianza en uno mismo y una perspectiva positiva de la vida son los factores más fuertes en la recuperación; no hace falta decir que son la propia recuperación».

Khawla entonces nos miró a través de la cámara y dijo: «Lo más importante para una mujer árabe es ser ella misma. Tiene que ser constructiva. No permitir que los alrededores destructivos y negativos se alimenten de ella. Tiene que ser desafiante y persistente, para apoyar sus pensamientos y convicciones positivas».

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