UNRWA - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Ser padre y refugiado en una de las peores zonas del mundo, en Siria

Ser padre y refugiado en una de las peores zonas del mundo, en Siria

El Día del Padre hace honor a hombres como Ismaeel Abbas. Él nunca se imaginó que su vejez estaría tan llena de dificultades. Cuando comenzó la guerra en Siria hace 9 años, Ismaeel y su familia huyeron de una casa completamente destrozada en una zona rural cerca de Damasco. Perdieron sus pertenencias, su hogar y hasta su sensación de seguridad. No tenían nada.  

Las repercusiones del conflicto nunca terminaron para Ismaeel. En el último año, la violencia se incrementó en Siria e Ismaeel perdió a su yerno y su hijo mayor quedó marcado de por vida por una discapacidad física. Ismaeel, con 61 años y padre de cuatro es el único sostén de su hija viuda y su familia, de ahora siete miembros.  

Él y su mujer cargan a las espaldas la responsabilidad de mantener un gran número de miembros de la familia en una zona del mundo devastada. Los costes médicos, los alimentos, la luz, el alquiler han apurado al máximo la resistencia financiera de Ismael. Las consecuencias han sido dramáticas. No ha podido pagar el alquiler de la casa donde estaban desplazados y la familia tuvo que regresar a su hogar, destruido por el conflicto.  

“No podía seguir pagando el alquiler de la casa. Tuve que regresar a mi hogar a pesar de que su estructura estaba destrozada, había cortes de electricidad, agua y servicios de telecomunicaciones muy precarios. No tenía otra opción. Regresé para ahorrar costes”, nos cuenta Ismaeel.  

Hasta el momento, hemos estado al lado de Ismaeel en estos tiempos difíciles. Hemos sido su aliado. No podía ser de otra manera. “Necesitamos la ayuda de la Agencia”, dijo Ismaeel. “Ha apoyado a mi familia y nos ha permitido satisfacer nuestras necesidades básicas. UNRWA ahora es nuestro único refugio”, continuó. 

UNRWA ha proporcionado a Ismaeel y a su familia asistencia en efectivo para ayudarlos con las necesidades alimentarias y no alimentarias más básicas. Con eso pueden pagar la luz y la comida. También cubriendo algunos de los costes médicos incurridos por la discapacidad de su hijo. 

El derecho a la salud y a la alimentación. El derecho a vivir y no sobrevivir, a tener una vida digna no debería desaparecer bajo ninguna circunstancia, a pesar de vivir en guerra, a pesar de vivir con todas las dificultades en contra.  

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