Salma, una mujer sorda de Gaza, se ha convertido en un referente para otras
29.05.2026Tras enfrentarse a pérdidas y dificultades por la ofensiva, trabaja como instructora de bordado en un centro de UNRWA
Salma es una mujer refugiada de Palestina de Gaza. Tiene 49 años y es sorda. Para contar su historia, mueve las manos rápidamente, mientras otra mujer interpreta lo que dice a su lado. Se encuentra junto a una tienda de campaña donde hay varias mujeres y niñas desplazadas. Este espacio ahora sirve como centro de formación de bordado, tras la destrucción de los centros de formación por la violencia israelí en la Franja.
Antes de la ofensiva, Salma ya había atravesado numerosas dificultades. Perdió a su esposo en 2021, durante la pandemia del Covid-19. Tras ese duro golpe, consiguió estabilizar su vida junto a sus tres hijos, gracias a que trabajaba como maestra en una escuela para personas con discapacidad. “Era feliz y vivía cómoda. Teníamos un hogar, alimentos, agua”, asegura. Pero esa vida se hizo añicos cuando estalló la ofensiva en octubre de 2023 y se vio obligada a desplazarse junto a su familia.
“Mis hijos y yo sobrevivíamos en una tienda de campaña. Estaban angustiados y lloraban. Necesitaba pedir ayuda”. Salma se decidió y contactó con UNRWA para solicitar apoyo. “Me puse en contacto con una trabajadora de UNRWA, que me bridó apoyo psicológico”, cuenta.
Los equipos de la Agencia ayudaron a la familia a sobrellevar el trauma y a recuperar la estabilidad. Salma recibió el empujón que necesitaba para seguir adelante, gracias a un programa de formación profesional en artesanía y bordado, en un centro local para mujeres ubicado en un refugio de UNRWA.
Desde el principio, Salma destacó por su determinación y facilidad de aprendizaje. Pronto comenzó a apoyar a otras aprendices con explicaciones sobre las técnicas y animando a las mujeres que tenían dificultades en sus vidas. Tras observar su capacidad de compromiso y liderazgo natural, el centro la nombró instructora. Lo que comenzó como una oportunidad de formación, se convirtió en un rol a través del cual pudo guiar y apoyar a otras mujeres que se enfrentan a las mismas incertidumbres, provocadas por la ofensiva.
“Me esforcé mucho y superé la formación. Hoy soy yo quien forma a otras mujeres y niñas”, dice. Su liderazgo fue avanzando cuando fue nominada para formar parte del comité comunitario del centro. En este cargo, Salma ayuda a satisfacer las inquietudes de las mujeres que participan en el programa y a menudo actúa como enlace entre las participantes y el personal de UNRWA. Comparte las dificultades que enfrentan las participantes, como lidiar con el duelo, el desplazamiento y la reconstrucción personal. Para mujeres como ella que no pueden oír, estos desafíos son mucho mayores.
Hoy, Salma sigue ampliando su experiencia como instructora de bordado. El apoyo de la Agencia fue esencial para devolverle la confianza y poder transmitirla a otras mujeres. Gracias a su capacidad de liderazgo y a su empatía, se ha convertido en una figura de referencia y un apoyo fundamental para otras en el centro de formación de UNRWA.
