search
HAZTE SOCIO/A Haz tu donativo Con las refugiadas y los refugiados de Palestina
UNRWA España - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Entre la violencia y la tradición: el Ramadán para la población refugiada de Palestina en Líbano

Entre la violencia y la tradición: el Ramadán para la población refugiada de Palestina en Líbano

“No puedo recordar cómo era ayunar en Palestina, pero mi madre siempre hablaba de cómo toda la familia se reunía alrededor de una sola mesa”

Durante el mes de Ramadán, las familias refugiadas de Palestina en Líbano transforman su rutina diaria. Al caer el sol, las calles de los campamentos se llenan de movimiento: vecinos que intercambian platos, niños y niñas que corren entre casas y el sonido de las conversaciones que anuncian la llegada del iftar, la comida con la que se rompe el ayuno.  
 
Pero este año, tampoco ha podido ser así. 
 
En medio de la crisis económica y de la ofensiva militar de Israel sobre Líbano, mantener estas tradiciones se ha vuelto más difícil que nunca. La inseguridad, la escasez de recursos y el miedo han alterado la vida cotidiana en los campamentos. Pero, incluso en estas circunstancias, el Ramadán sigue siendo una forma de resiliencia y de comunidad. 

En el campamento de Shatila, en Beirut, vive Amina Saleh Daher, una de las pocas mujeres refugiadas que nació en Palestina y que aún conserva recuerdos transmitidos de su tierra. Nació en Akka en 1945 y tenía apenas tres años cuando tuvo que huir con su familia. Sus recuerdos del Ramadán en Palestina son difusos, pero las historias que le contaba su madre han mantenido vivas esas tradiciones. 

“No puedo recordar cómo era ayunar en Palestina, pero mi madre siempre hablaba de cómo toda la familia se reunía alrededor de una sola mesa”, explica. “En aquel entonces, vivíamos todos cerca, y compartir la comida era parte esencial del día, especialmente durante el Ramadán”. 

Hoy, décadas después y en un contexto muy distinto, esa idea de comunidad sigue presente. En Shatila, muchas familias mantienen la costumbre de compartir comida con sus vecinos antes del iftar. Sopas calientes, platos de arroz o recetas tradicionales como musakhan o mulukhiyah pasan de una casa a otra como gesto de solidaridad. “Es una tradición antigua que seguimos practicando, especialmente ahora”, cuenta Amina. “Hay familias que no tienen suficiente para romper el ayuno, así que nos apoyamos entre nosotros”. 

El Ramadán no solo se vive al anochecer. Antes del amanecer, algunas familias aún se levantan para el suhoor, la comida previa al ayuno, en un ambiente más silencioso e íntimo. Entre ambos momentos, el día transcurre entre la oración, el descanso y los quehaceres cotidianos, adaptados a la falta de recursos que afecta a gran parte de la población refugiada en Líbano. 

Amina, ya mayor, no puede pasar mucho tiempo de pie para cocinar, pero su familia se organiza para que las tradiciones continúen. Sus hijas y nietos la visitan y preparan juntos el iftar. “A veces voy a casa de mis hijos o de mis hijas”, dice. “Porque este mes no se trata solo de ayunar, sino de estar en familia”. 

Sin embargo, este Ramadán ha estado marcado por la violencia en la región. La violencia ha alterado la vida cotidiana y ha añadido preocupación a un mes que tradicionalmente está asociado con la paz y la espiritualidad. Aun así, muchas familias intentan preservar pequeños momentos de normalidad. 

Además, la conexión con Palestina sigue muy presente, especialmente con quienes viven en la franja de Gaza. Durante el Ramadán, ese vínculo se intensifica. “Cada vez que rezo, pienso en ellos”, dice Amina. “En las personas que no tienen comida ni lo básico para vivir. Le pido a Dios que su sufrimiento termine”. 

En este contexto, muchas personas refugiadas de Palestina destinan su zakat — una contribución solidaria destinada a ayudar a quienes más lo necesitan— a apoyar a familias en Gaza. Así, el acto de dar se convierte en una extensión de la comunidad más allá de las fronteras, reforzando un sentimiento de solidaridad que define tanto el Ramadán como la experiencia del exilio. 

En medio de la incertidumbre, las tradiciones del Ramadán continúan transmitiéndose de generación en generación. Para muchas familias refugiadas de Palestina en Líbano, mantenerlas vivas no es solo una cuestión de fe, sino también una forma de preservar su identidad, su memoria y su sentido de pertenencia. 

UNRWA sigue trabajando para asistir a las familias en mitad de la violencia y el desplazamiento. Sigue brindando refugio, servicios esenciales y alimentos.

Por Farah Fahed, periodista en Líbano

Compártelo

https://unrwa.es/actualidad/historias/ramadan-para-la-poblacion-refugiada-de-palestina-en-libano/ Click para copiar enlace