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Rateb: un niño de Gaza que ha logrado reconstruir su vida gracias al apoyo de UNRWA

Como cualquier niño de diez años, Rateb solía pasar las tardes jugando al fútbol con sus amigos en Gaza. Pero la ofensiva israelí irrumpió en su vida y le arrebató mucho más que el deporte que tanto amaba. La violencia le arrebató una pierna, a su madre y su infancia. Desde entonces, ha tenido que luchar por no perder la esperanza y gracias a UNRWA ha reconstruido poco a poco su vida.   

Un día de noviembre de 2025 su vida cambió para siempre. Viajaba con su familia hacia el sur por la carretera costera de la Franja, tras haber huido del norte en búsqueda de seguridad, cuando un coche cercano fue bombardeado. La madre de Rateb, que iba sentada a su lado, murió en el acto. El pequeño sufrió graves heridas y fue trasladado para que recibiera atención médica urgente.  

Al despertar después de cinco cirugías, lo primero que hizo fue preguntar por su madre. Tras recibir la dura noticia de la pérdida de su madre, tuvo que hacer frente también a la de la pérdida de su pierna.  

La experiencia de Rateb refleja la trágica realidad a la que se enfrentan miles de personas en Gaza. Según la OMS, más de 42.000 personas viven con lesiones permanentes que condicionarán su vida para siempre. Una de cada cuatro es un niño o niña. Esto significa que más de 10.000 menores en la Franja sufrirán discapacidad física a largo plazo. Además, muchas de estas personas tienen dificultades para acceder a servicios sanitarios, de rehabilitación y prótesis. “De las 2.277 personas a las que se les ha amputado una extremidad, menos del 25% han recibido prótesis permanentes”, asegura la doctora Renhilde Van de Weerdt, representante de la OMS en el territorio Palestino ocupado. Esta deficiencia se debe a la grave escasez de suministros médicos por el asedio impuesto por Israel.  

La constatación de que le habían amputado una pierna afectó profundamente al pequeño. A veces, veía a sus amigos jugar al fútbol e intentaba levantarse para unirse a ellos, pero se caía y no podía correr. Muchas fueron las veces que los miró abrumado y con una profunda añoranza y tristeza. Pero su imaginación y sus ganas de practicar su deporte favorito fueron más fuertes. Rateb usó una tubería de desagüe como soporte provisional.  

Al cabo de un tiempo, UNRWA intervino y su situación empezó a mejorar. Los profesionales sanitarios de la Agencia lo asistieron con el mayor esmero y profesionalidad. Trabajaron junto a él ejercicios de rehabilitación y fisioterapia y le proporcionaron una prótesis adecuada. “Hizo sus ejercicios y pude notar cómo mejoraba su ánimo”, asegura Mohammad, tío del niño y ahora su cuidador principal. “En cuanto empezó a caminar de nuevo, estaba tan emocionad que olvidó las muletas”.  

“UNRWA le ha ayudado a acceder a sus derechos básicos, a recibir apoyo psicosocial, a obtener ayuda económica y a reintegrarse en un entorno de aprendizaje junto a otros alumnos”, añade Mohammad.  

En el refugio de UNRWA en Khan Younis, Rateb ha vuelto a sentirse un niño. Ha participado de actividades de aprendizaje y en sesiones de apoyo psicosocial. Además, ha vuelto a jugar al fútbol, algo que por momentos creyó imposible. Gracias al apoyo la Agencia y a su propia valentía, ha logrado darle un sentido a su día a día, tras un sufrimiento inimaginable. 

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