UNRWA - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - NINGÚN RETO ES IMPOSIBLE: LA HISTORIA DE ALIA CONTRA LA CEGUERA

NINGÚN RETO ES IMPOSIBLE: LA HISTORIA DE ALIA CONTRA LA CEGUERA

“Los ojos son inútiles cuando la mente está ciega”, dice Alia (40). Actualmente esta mujer refugiada de Palestina es teleoperadora en el Centro de Formación Profesional Wadi Seer de UNRWA en Amman, Jordania. A los 12 años, Alia perdió la vista en un accidente mientras jugaba con sus primos. Desde entonces, ha pasado la vida superando desafíos aparentemente imposibles gracias a su ambición y ha logrado terminar una licenciatura. Hoy, Alia continúa aportando a la economía familiar, de la cual es la única proveedora.

Como mujer refugiada de Palestina en Jordania, Alia fue a una escuela primaria de UNRWA, antes de mudarse al extranjero con su familia. Años después volvió a Jordania, tras terminar el instituto, y se matriculó en la Universidad de Jordania en un grado de Lengua Árabe.

Alia se unió a uno de los grupos de trabajo de UNRWA para servir a los refugiados y refugiadas de Palestina y conoció a sus nuevos colegas en el Centro de Capacitación Wadi Seer como teleoperadora. Su viaje de década y media al extranjero y su regreso a Jordania la condujeron de nuevo a UNRWA. “Me sorprendió ver un puesto de trabajo reservado para personas con diversidad funcional. ¿Quién más haría esto? ¡Solo UNRWA!”, nos explica. “En cuanto comencé mi trabajo, pusieron a mi disposición todos los aparatos que necesitaba para cumplir con mis tareas, incluida un ordenador con asistente de voz y una máquina para escribir en Braille”, recuerda.

“La Agencia me ofreció también muchos cursos técnicos y de especialización, todos dentro del programa de desarrollo de empleo. Desde informática a inglés, he podido adquirir múltiples habilidades”, dice Alia con orgullo. No duda al afirmar que UNRWA le ha dado el poder para convertir su discapacidad en una oportunidad y sus desafíos en éxitos.

El día de Alia continúa con su segundo trabajo como profesora de árabe. “Como soy la única que trae dinero a la familia, este ingreso suplementario es esencial. ¡Lo más importante es la sensación de alegría que me da enseñar! Siempre me ha apasionado el idioma árabe y ahora he descubierto que la enseñanza también aporta muchas cosas positivas a mi vida”, reconoce Alia.

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