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UNRWA España - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Cómo ser un niño ciego en Gaza, sobrevivir a la violencia y volver a estudiar

Cómo ser un niño ciego en Gaza, sobrevivir a la violencia y volver a estudiar

Mohammed perdió la vista por un explosivo y hoy lucha por volver a estudiar con el apoyo de UNRWA 

Mohammed, un niño refugiado de Palestina de Gaza, tenía tan solo cinco años cuando una tarde de 2016 le cambió la vida para siempre. Estaba jugando con otros niños frente a su casa, cuando vio lo que parecía un juguete tirado en la calle. Intrigado, lo recogió y para él se hizo la oscuridad. Ese objeto era en realidad un fragmento de explosivo sin detonar que había quedado tirado por ofensivas israelíes anteriores, que explotó en sus manos.

El resultado fue devastador. Mohammed, que ahora tiene 14 años, perdió la vista y su mano izquierda quedó muy dañada permanentemente. “Después de la explosión, todo se oscureció. Aunque aún puedo recordar la luz”, cuenta.

Su día a día se vio muy limitado tras el incidente, pero en 2020 volvió a tener esperanzas. Se matriculó en el Centro de Rehabilitación para Menores con Discapacidad Visual de Gaza, apoyado por UNRWA. Allí comenzó a reconstruir una rutina y a conocer a otras personas como él. “Al principio, cada paso era como caminar sobre las nubes, pero mis profesores me dijeron que confiara en mí. Y así lo hice”, asegura.

Gracias a la educación especializada del centro, el apoyo psicosocial y las herramientas de aprendizaje adaptadas que le brindo UNRWA, el joven recuperó la confianza y la independencia, sensaciones que pensaba que nunca volvería a tener.

La ofensiva israelí de 2023: otro golpe para Mohammed

En octubre de 2023, los sueños de Mohammed volvieron a quedar rotos por la ofensiva israelí sobre la Franja. Al igual que cientos de miles, su familia y él tuvieron que huir en varias ocasiones para buscar seguridad. Finalmente, llegaron a Deir al-Balah, donde sobreviven en una tienda de campaña.

El desplazamiento es especialmente complicado para un niño con discapacidad visual. El nuevo entorno supuso perder la familiaridad y el mapa mental construido de su hogar a lo largo de los años. “En mi antigua casa, conocía cada rincón”, cuenta. “En la tienda de campaña tuve que redibujar el mundo en mi mente”.

La violencia también detuvo su educación durante más de dos años. El centro especializado donde estudiaba, él y otros 500 estudiantes, quedó gravemente dañado y se convirtió en un refugio de emergencia. Para Mohammed, perder su espacio de aprendizaje fue un duro golpe. “Extrañaba la escuela, porque me parecía un lugar seguro. Extrañaba las voces de mis amigos. Sin embargo, hasta en mitad de la crisis, el apoyo de UNRWA no cesó”, asegura.

Cuando en octubre de 2025 llegó el alto el fuego, los equipos de UNRWA trabajaron sin descanso para recuperar el aprendizaje para los niños y niñas de Gaza. Gracias a ello, el 7 de febrero de 2026, el Centro de Rehabilitación para Menores con Discapacidad Visual reabrió, con aulas improvisadas, con paléts y lonas. Pero incluso en esas condiciones, 56 menores con disparidad visual, entre ellos Mohammed, retomaron sus clases, el apoyo psicosocial, la rutina y, sobre todo, recuperaron la esperanza.

“Las aulas están abarrotadas, la iluminación debe ajustarse cuidadosamente para los niños con ceguera nocturna o con albinismo. Muchos no tienen libros ni sus dispositivos de asistencia de los que dependen, como máquinas de braille, lupas u otras herramientas adaptadas, porque están dañadas o no disponibles. Pero a pesar de estas dificultades, hemos vuelto a crear un espacio donde pueden aprender”, explica la directora del centro, Seham.

Los profesores, orientadores y expertos en salud mental de UNRWA trabajan estrechamente con cada niño y niña, adaptando las lecciones de manera individual. Por ejemplo, el orientador Hassan, que también tiene discapacidad visual, trabaja para ayudarles a sobrellevar el trauma. “Me siento con ellos para comprender sus miedos y traumas. Conversación a conversación reconstruimos su mundo”, explica. 

Dentro de las frágiles e improvisadas aulas, los niños y niñas se ríen y comienzan a sanar. Sentado entre sus compañeros, Mohammed comparte sus propósitos. “Quiero convertirme en médico para ayudar a las personas heridas como yo. Quiero demostrarles que incluso cuando la vida te quita la vista, no pueden quitarte tus sueños”.

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