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UNRWA España - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Hajar, trabajadora de UNRWA en Gaza, ha seguido asistiendo a la población a pesar de sus pérdidas   

Hajar, trabajadora de UNRWA en Gaza, ha seguido asistiendo a la población a pesar de sus pérdidas   

Hajar es una mujer palestina que trabaja como administrativa en una escuela de UNRWA. Aunque ha pasado algún tiempo, no puede olvidar el sonido que lo envolvió todo en la zona de Khan Younis, al sur de Gaza, aquel día que cambió su vida para siempre.  Su hijo Mohammed había salido apenas media hora antes, rumbo a una de nuestras escuelas convertida en refugio, porque necesitaba hacer uso de internet. “No pensé que la escuela sería atacada. Estaba llena de personas desplazadas”, recuerda con dolor.  

Tras el sonido, la calle se llenó de personas aterrorizadas, que corrían de un lado a otro sin entender lo que estaba pasando. Pronto la noticia comenzó a difundirse. Cuarenta personas fueron asesinadas y muchas más heridas aquel día de junio de 2024. Su hijo Mohammed estaba entre las asesinadas.   

“Tenía 27 años. Era un joven muy amable. Había terminado sus estudios de educación especial y le encanta ayudar a las personas con discapacidad”, cuenta su madre. “Su boda iba a celebrarse pocos días después de que comenzara la violencia”. Aquel día, en un instante, cambió su vida para siempre. “Todo se esfumó. El sueño, la boda, todo”.  

Hajar sintió que su vida se había desmoronado y aunque le costó encontrar un motivo por el que seguir adelante, seguir trabajando y asistir a otras personas le dio sentido a su día a día. Al poco tiempo fue asignada a un refugio de UNRWA en Rafah, que albergaba a casi 30.000 personas desplazadas. A pesar de su propio dolor, ayudó a registrar a las familias que llegaban sin nada. Distribuía alimentos, artículos de higiene y suministros básicos para mujeres y niños que lo habían perdido todo. “El trabajo se convirtió en una vía de escape, pero también era una responsabilidad”.  

Ante tanta devastación, no tenía tiempo de descansar, ya que también tenía que cuidar de otros seis hijos que dependían de ella. Ante la destrucción y el asedio, la familia podía sobrevivir a duras penas. “La violencia puso nuestras vidas patas arriba y nos arrebató todo. Perdimos nuestra casa, todo lo que había dentro, la electricidad, el agua, la educación, el acceso a clínicas. Cualquier sensación de seguridad desapareció”.  

Cuando la invasión de Rafah volvió a desplazar de manera forzosa a miles de personas en mayo de 2024, Hajar regresó a Khan Younis y reanudó su trabajo con los equipos operativos de UNRWA en la zona. “La Agencia ha formado parte de mi vida desde que nací. Nací en uno de sus centros de salud, estudié en sus escuelas y luego me gradué. Soy refugiada de Palestina y fruto de esta misión”.  

Para Hajar, más de dos años de ofensiva han significado compaginar el duelo, la maternidad y el deber humanitario, al mismo tiempo que se enfrentaba desafíos específicos por su género. Al igual que miles de mujeres del personal de UNRWA en Gaza, ha seguido trabajando mientras afrontaba las mimas pérdidas, el hambre, el desplazamiento y los traumas que el resto de la población. “Las mujeres de la Franja cargan con una enorme responsabilidad. Espero que el mundo las apoye y reconozca sus sacrificios”.  

En los peores momentos, ha buscado inspiración en los pequeños gestos de otras personas. “Veo esperanza en los jóvenes que llevan portátiles y buscan, como lo hizo Mohammed en su día, un lugar cercano con conexión a internet para hacer un examen o asistir a una clase online. Eso es esperanza”.  

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