MARYAM

Soy Maryam. Vivo en Gaza. Y estoy divorciada.

A los 18 años me casé con mi primo, pero nos divorciamos a los cuatro meses debido a un problema entre mi padre y mi tío.

Después me convertí́ en la segunda esposa de un hombre mayor.

Él pensaba que no podía tener hijos y por eso estaba divorciada. Pero de eso me enteré después… cuando me quedé embarazada. Él me dijo entonces que sólo podía abortar o divorciarme porque ya tenía muchos hijos.

Me mudé a la casa de mis padres y tuve a mi hija. Mi esposo se negó a mantenerla. Mis padres me dijeron que tenía que enviársela a él para que la criara, pero me negué.

Utilicé las habilidades de bordado que había aprendido en la escuela e hice carteras y bufandas para venderlas. Un día mi hermano cogió una falda que había bordado para mi hija y la llevó a una tienda de moda local y el gerente quedó tan impresionado ¡que me encargó que hiciera 700!

Reuní a mujeres que sabían coser, compré material del mercado y juntas cosimos y cosimos. Tuvimos trabajo durante 5 años, todos los días. Fue muy difícil pero ganábamos dinero. La situación era mejor entonces. Conseguí ahorrar para que mi hija y yo pudiésemos vivir juntas en una pequeña casa.

Pero aquello solo era una moda. Y se pasó. Todavía hago alguna prenda aquí y allí, pero no tengo más pedidos grandes.

Durante un tiempo, volví con mi exmarido y tuvimos dos hijos más. Estaba contenta de haber vuelto con él, no solo por el bien de mi hija, sino también por mí: cuando estaba divorciada, mis padres me decían que no podía salir, que debía quedarme en casa. Además, al estar casada, podía ir a los cursos de formación de las ONG y buscar trabajo.

Después, mi esposo se fue al extranjero dos años y de nuevo tuve que acostumbrarme a vivir sola.

Eso fue hace seis años, y no ha habido relación matrimonial entre nosotros desde entonces. Pero cada dos semanas lo llamo y le pido que venga solo para mostrarle al vecindario que tengo marido.

Hablé con muchas ONG para obtener ayuda. Recibí formación en peluquería y ahora tengo un pequeño negocio en casa. Tengo uno o dos clientes a la semana. La situación es muy difícil en Gaza, por eso las mujeres priorizan las necesidades de sus hijos antes que su propia belleza. Mis precios son mucho más baratos que en una peluquería. Podría subirlos, pero primero quiero construir una reputación sólida. Quiero que este negocio dure. Mi proyecto anterior era una moda y desapareció́. No volverá a pasarme.

Mi primer objetivo es proporcionarles una vida digna a mis hijos. Todo lo que hago es por ellos. Espero que la vida de mi hija sea muy diferente. No recuerdo un solo día hermoso en mi vida. Nunca encontré́ una pareja para vivir como marido y mujer. Por fuera parezco una mujer, pero por dentro no me siento así.

Le estoy enseñando a mi niña a ser fuerte y mostrar confianza, incluso si es falsa. A veces la gente grita y me piden cosas, para demostrar que son más fuertes que yo. Les planto cara y me defiendo, les demuestro que soy fuerte. Pero por dentro soy muy débil… mi hija a de aprender esto…

Temo al futuro. Me da miedo hacerme vieja. Quizás mis hijos me olviden y me ignoren.

Pero tengo paciencia.

Y esperanza.

Y vida, aún tengo la vida.

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