La asistencia en efectivo de UNRWA, una esperanza para las personas refugiadas de Palestina en Líbano
23.12.2025Samer, refugiado de Palestina de 39 años, se enfrenta cada día a enormes desafíos. Los momentos más duros de su vida comenzaron en 2014, cuando huyó de Siria para escapar de la violencia de la guerra. Desde entonces vive en Líbano, donde intenta mantener a flote a su familia en medio de la profunda crisis económica que atraviesa el país.
En Líbano, los cortes eléctricos dejan a la población con apenas cuatro horas de luz pública al día. La familia de Samer depende de un suministro privado de solo dos amperios para todo el hogar. Si sobrepasan ese límite, la electricidad se corta de inmediato y se quedan a oscuras. Aunque no es una situación ideal, es la mejor solución a la escasez energética. “Sin esta energía de reserva, estaríamos sin luz más de 20 horas al día”, explica.
Samer trabaja en una panadería local y gana el equivalente a 50 dólares al mes. El acceso a un puesto de trabajo en Líbano es muy complicado para las personas refugiadas de Palestina, ya que tienen prohibido ejercer un total de 39 profesiones.
La situación se ha vuelto aún más complicada desde mayo de 2024, cuando el Gobierno libanés introdujo nuevas medidas que dificultan la renovación de permisos de residencia para los refugiados de Palestina procedentes de Siria. Esto ha añadido nuevos obstáculos para moverse con libertad fuera de los campamentos.
En este escenario tan complejo, la población refugiada de Palestina, y especialmente quienes llegaron desde Siria tras el inicio de la guerra, se encuentra entre las comunidades más vulnerables del país. La pobreza afecta entre el 70% y el 80% de estas familias. Familias como la de Samer apenas logran salir adelante, y muchas de sus necesidades serían imposibles de cubrir sin la asistencia de UNRWA.
La Agencia desempeña una labor fundamental. En 2025, distribuyó dos rondas de asistencia en efectivo a alrededor de 23.000 personas refugiadas de Palestina procedentes de Siria, un apoyo que supuso un salvavidas para 8.500 hogares, incluido el de Samer. “Ese dinero nos da un poco de consuelo. Nos da un techo y un poco de comida. Sin él, estaríamos en la calle”, asegura.
Además, los hijos de Samer de 15 y 11 años asisten a una de las escuelas de UNRWA en Líbano, lo que les permite seguir estudiando y pensar en un futuro mejor.
Aunque algunas familias refugiadas de Palestina han empezado a regresar a Siria, la mayoría aún no cuenta con los recursos necesarios para reconstruir sus vidas allí. Hasta que llegue ese momento, en Líbano reciben servicios esenciales, como educación, atención sanitaria, gestión de residuos y asistencia en efectivo gracias al trabajo de nuestros profesionales.
