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UNRWA - Actualidad sobre los refugiados de Palestina - Clínicas móviles, la esperanza de las comunidades remotas

Clínicas móviles, la esperanza de las comunidades remotas

“Vengo a esta clínica dos veces por semana como voluntaria. Intento ayudar a la gente de mi pueblo que viene aquí. Con cada visita, la necesidad de una clínica permanente en nuestro pueblo se vuelve más clara y urgente”, comenta Saida Qabha, refugiada de Palestina del pueblo de Barta’a en el norte de Cisjordania.  

Los refugiados y refugiadas de Palestina en Barta’a y otras aldeas remotas continúan soportando el peso de la limitada libertad de movimiento, una consecuencia de la ocupación israelí de Cisjordania y su actual régimen de permisos.  Estas aldeas se encuentran aisladas por la construcción del muro de separación y el establecimiento de puntos de control militar, que restringen severamente el movimiento y que hace que tengan que recorrer largas distancias para poder acceder a servicios básicos. 

Aproximadamente 300.000 palestinos y palestinas, que viven en estas comunidades se enfrentan a obstáculos para acceder a la atención médica. Más de un tercio de las personas que viven allí dependen de las clínicas móviles de UNRWA para acceder a los servicios de salud esenciales. La construcción de clínicas más cercanas tampoco es una opción, ya que para ello necesitan permisos de construcción israelíes, que rara vez se otorgan. 

“Los días en que la clínica móvil no está allí, algunas madres tienen que cargar a sus hijos, caminar tres kilómetros y cruzar el puesto de control militar de Barta’a. Luego, viajan cuarenta minutos adicionales para llegar al centro de salud de UNRWA más cercano en Jenin”, relata Saida. 

Los residentes de Barta’a también se han visto profundamente afectados por el impacto económico de COVID-19, que complica su acceso a los servicios sanitarios. La clínica más cercana en muchas ocasiones supone un precio muy elevado que la población no puede asumir, “el coste de una consulta médica en la clínica más cercana cuesta entre 200 y 300 NIS, unos 90 dólares”, comenta Saida. 

Las largas distancias que deben recorrer para acceder a la clínica más cercana se vuelve un camino interminable, sobre todo teniendo en cuenta la falta de transporte público. La deteriorada infraestructura de carreteras tampoco ayuda. En caso de urgencias, el desplazamiento de ambulancias es prácticamente imposible y las personas que sufren enfermedades graves se resignan en sus aldeas sin esperanza. 

En 2021 en UNRWA introdujimos de nuevo equipos de salud móviles para garantizar que las comunidades remotas de refugiados y refugiadas tengan acceso a servicios de atención primaria de salud continuos durante el brote de COVID-19. Las clínicas móviles prestan servicios a nueve comunidades con estas características y con una población total estimada en más de 40.000 personas. La población de estas áreas está aislada y tiene un acceso significativamente reducido a los servicios de salud. 

Saida recuerda cómo el equipo móvil de salud de UNRWA salvó la vida de dos refugiados de Barta’a el mes pasado. Un paciente estaba en coma diabético y el otro había sufrido quemaduras graves en el cuerpo. La única atención primaria de salud disponible era la clínica móvil. 

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