Basmala se enfrenta a nuevo desplazamiento por la violencia en Líbano
10.04.2026El relato de una madre refugiada de Palestina que se enfrenta otra vez al terror de los bombardeos israelíes y encuentra apoyo en un refugio de UNRWA
Una madrugada de septiembre de 2024, Basmala, una refugiada de Palestina en Líbano, tuvo que huir de su hogar. El terror de los ataques israelíes la obligaron. “Estábamos en casa cuando de repente comenzaron los bombardeos”, recuerda la joven de 22 años. La violencia se acercaba al campamento de personas refugiadas de Palestina de Burj el-Barajneh, al sur de Beirut, y a ella no le quedó más remedio que desplazarse en la oscuridad, con su hija de solo 20 días en brazos, mientras las bombas caían.
“Era medianoche. La gente corría en todas direcciones. En cuestión de minutos, todos nuestros vecinos se habían marchado”, cuenta. Ella huyó hacia el norte y, afortunadamente, encontró seguridad, alimentos, mantas y apoyo psicológico en un refugio de UNRWA, en el campamento de Nahr el-Bared.
En las semanas siguientes, se estableció un frágil alto el fuego, los bombardeos cesaron y las familias comenzaron a regresar poco a poco a sus hogares o lo que quedaba de ellos. Basmala regresó al campamento de Burj el-Barajneh y reconstruyó su vida, convencida de que lo peor había pasado. Lo que nunca imaginó es que la violencia y el desplazamiento volverían a destrozar su tranquilidad.
Dos años después, el pasado mes de marzo, los bombardeos israelíes regresaron. “Por segunda vez en nuestras vidas, en menos de dos años, cogimos algo de ropa y nuestros documentos. No hubo tiempo para pensar”, asegura. “En 2024, no sabíamos adónde escapar ni adónde refugiarnos. Esta vez, nos dirigimos directamente al mismo refugio de UNRWA”.
Esta vez, no llevaba a una recién nacida en brazos, sino a una niña. Su hija Malak, de un año y nueve meses, percibió el miedo a su alrededor. “A veces tiembla. Cuando nació, nuestras primeras semanas juntas transcurrieron en un refugio de emergencia. Esperaba que fuera la última vez, pero volvemos a estar aquí, buscando seguridad”, se lamenta.
En el refugio de UNRWA de Nahr el-Barerd, Basmala y otras familias encuentran un lugar seguro. Ante el aumento de la violencia, estas infraestructuras han reabierto sus puertas a miles de personas palestinas, sirias y libanesas. Allí, las personas desplazadas, pueden acceder a servicios esenciales como atención primaria, vacunaciones para menores, atención materno-infantil y medicamentos.
El apoyo psicológico también está siendo fundamental para sobrellevar los traumas del nuevo desplazamiento. Como explica Basmala, el dolor no reside solo en perder su hogar, sino en revivir la misma pesadilla. “El mismo miedo regresa. Cuando huimos por segunda vez, fue como revivir aquella misma noche”, recuerda. Para miles de personas como ella, el desplazamiento ya no es una excepción, sino un ciclo y sus consecuencias psicológicas cada vez más difíciles de soportar.
Aunque los refugios de UNRWA están actuando como verdaderos salvavidas para miles de personas, es vital el alto el fuego inmediato. La operación militar israelí en Líbano se ha agravado en los últimos días. El 8 de abril, Israel lanzó el mayor ataque aéreo desde que comenzó la emergencia sobre Beirut, el valle de Bekaa y el sur de Líbano. Más de 300 personas fueron asesinadas y más de 1.000 heridas, que se sumarán a la que el Ministerio de Salud libanés había aportado hasta el 5 de abril, cuando se estimó que cerca de 1.500 personas, entre ellas 129 menores, habían sido asesinadas desde el 3 de marzo. Además, más de un millón de personas, casi una de cada cinco, se encuentran desplazadas y la mayoría no tienen un acceso adecuado a servicios esenciales.
